Cheché, el tlaxcalteca que ha vivido todos los mundiales y sigue con la verde puesta
Nacional Jun 25, 2026
José Hernández Castillo tiene 99 años y una historia que pocos pueden contar: ha visto todos los Mundiales de futbol desde el primero en 1930. Nació el 17 de diciembre de 1926, cuatro años antes de que la FIFA organizara la primera Copa del Mundo en Uruguay, y desde entonces no se ha perdido ni uno, ni siquiera los que se cancelaron por la Segunda Guerra Mundial en 1942 y 1946.
Este jueves 25 de junio de 2026, mientras millones están pegados a las pantallas viendo el Mundial de 2026, don José lo sigue desde casa con la camiseta verde de la Selección Mexicana, como si fuera un joven más.
Además de ser testigo de las leyendas de Pelé, Maradona y Messi, don José también participó en la organización de los Juegos Olímpicos de 1968 en México, donde recuerda con cariño los días en que el país se volvió el centro del mundo, a pesar de la tragedia del 2 de octubre.
Durante la guerra, cuando los Mundiales estaban suspendidos, él servía como sargento en la 24 Zona Militar en Cuernavaca, y el futbol era su escape para aliviar la tensión.
En Tlaxcala, donde vive, solo quedan dos hombres que vivieron esa época: don José y Luis Sastré, quien cumplirá 100 años el próximo 20 de junio.
Entre sus recuerdos está Alejandro López Rodríguez, “El Huamantla”, el primer futbolista destacado de Huamantla que brilló en los años 50 con el Club Puebla, un equipo que nació en 1944 y que hoy sigue siendo un referente.
Don José es como un archivo viviente del futbol: colecciona estampas, programas, recuerdos olímpicos y hasta una maqueta del Estadio Azteca. Y no pierde la esperanza en la nueva generación, como Gilberto Mora, la joven promesa mexicana de 17 años que está dando de qué hablar en este Mundial.
Sus nietos ya han ido a partidos en vivo, pero él sigue disfrutando desde casa, orgulloso de ser un testigo privilegiado de casi un siglo de historia futbolera.
Esto es lo que necesitas saber: Cheché no solo es un fan, es la memoria viva del futbol mexicano y mundial, un símbolo de que el deporte puede unir generaciones y contar historias que van más allá del juego.